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El estrés y la mala comunicación

Ayer en el World Trade Center de Barcelona, la Asociación Española de Directivos, junto con el Grupo Select, organizaron una conferencia bajo el tema “¿Controlamos el estrés?”.

Miquel Bonet, director de comunicación de Grupo Select y coautor del libro “¡Qué estrés!”, centró su discurso en la influencia que la mala comunicación puede tener en las personas, especialmente en el ámbito laboral. Partiendo de la afirmación de Peter Drucker, de que “el 60% de los problemas empresariales se produce como consecuencia de la mala comunicación”, Miquel Bonet apuntó algunas de las causas que pueden derivar en situaciones estresantes, como pueden ser el mal diseño del trabajo, a veces excesivamente monótono, el ritmo frenético y el poco descanso. La segunda causa es la mala comunicación interpersonal, ambientes contaminantes, o la carencia de apoyo entre compañeros y supervisores. Otros factores son las funciones laborales y expectativas mal definidas, los objetivos imposibles y el exceso de responsabilidad. Otras causas pueden ser las preocupaciones de desarrollo personal, la inseguridad, o la poca definición de posibilidades de desarrollo profesional. Los condicionantes ambientales deficientes, desagradables o peligrosos, el exceso de ruidos, la contaminación ambiental y los problemas ergonómicos, son otras situaciones que Bonet ha descrito como estresantes en el mundo laboral. Finalmente, en cuanto a las causas, el ponente ha apuntado la indefinición de valores corporativos, la falta de reconocimiento y la poca conciliación laboral y familiar como desencadenantes del estrés entre los trabajadores.

Bonet manifestó que cierto nivel de estrés es positivo para la vida diaria puesto que empuja a una jornada activa y productiva, pero los problemas empiezan cuando se produce un exceso de estrés o se prolonga en el tiempo puesto que llega a dificultar la comunicación. Apuntó algunos problemas causados por el exceso de estrés: se limita la capacidad para recibir nueva información y cuesta más trabajo fijar la atención. Un segundo problema es que las instrucciones que pueden dar los directivos no son claras, resultando rápidas y poco precisas, de tal manera que el equipo no entiende y únicamente siente la presión “de arriba”. El tercer problema, manifestó, es que los receptores acaban estando a la defensiva, se rompe el vínculo de confianza con los demás y se distorsiona el hilo de la comunicación, contribuyendo a bajar la productividad y responsabilidad individual, afectando en la relación con el cliente.

Para combatir y afrontar el estrés en el entorno laboral, Miquel Bonet recomendó analizar y clarificar las funciones de cada uno, mejorar el clima por la vía de la participación, generar “amortiguadores” del estrés y modificar entorno físico de trabajo. Otros consejos fueron los de gestionar bien el propio tiempo, ser asertivo y aprender a discutir con una adecuada inteligencia emocional.

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La importancia de una buena comunicación interna

Hoy llegaba a mi correo un artículo relativo a la utilidad que puede llegar a tener la comunicación interna dentro de las organizaciones.

La crisis económica por la que España y otros países estamos atravesando, además de las diferentes informaciones que circulan a través de los medios de comunicación sobre la situación sociolaboral, generan, inevitablemente, un entorno muy delicado en el interior de la empresa que daña el clima laboral y la calidad de las relaciones interpersonales; situación que se agrava aún más si la comunicación interna es deficiente e impide que las personas sepan con seguridad cuál será su futuro inmediato.

Si en momentos de crisis la información sobre el futuro de la organización se filtra hacia los empleados de forma desordenada, distorsionada y por canales informales (rumores, correos no autorizados, boca a boca, etc.), en vez de circular de forma transparente y abierta desde la Dirección General hacia todas las áreas de la empresa genera un mal irreversible. Se crea un clima laboral de nerviosismo y de apatía que motiva a los empleados a buscar anticipadamente nuevas opciones de trabajo y a descuidar sus actividades cotidianas.

Ricardo Sotillo, afirmaba en su artículo: “Ya situados en el mundo empresarial moderno, podemos afirmar que la comunicación interna es inseparable de la propia actividad productiva de cualquier organización. Esta afirmación cobra peso específico en la dirección de las empresas a partir de la incorporación de nuevos modelos organizacionales y de gestión”.

Es cierto que no ha sido hasta hasta pasada la segunda mitad del siglo XX cuando las organizaciones han comenzado a plantearse que esa transmisión de instrucciones (comunicación descendente) no era suficiente y se comienza a analizar un nuevo campo de trabajo, entre los que se añade la comunicación al repertorio de habilidades directivas.

El autor nos invita a reflexionar sobre los resultados de la comunicación interna en la productividad de la empresa y sobre cómo, bien orientada y gestionada, permite minimizar los riesgos y las consecuencias negativas de los cambios organizativos sobre el clima laboral, los compromisos con los clientes, el ritmo de la productividad, la imagen y la reputación mediática de la empresa; y sobre todo, sobre la credibilidad de la Dirección en el futuro.