Ser, aparecer, comunicar

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“Essere, apparire, comunicare: intrattenimento e felicità nella società multimediale”

Éste es el título de un congreso que se ha organizado en Roma duante la Semana Santa, concretamente durante los días 15-23 de marzo de 2008. Se trata de un encuentro universitario que el ICU (Istituto per la Cooperazione Universitaria ) organiza desde 1968. Cada año, varios miles de estudiantes universitarios pasan la Semana Santa en Roma, y así tienen la oportunidad de conocer la riqueza cultural, histórica y espiritual de esta ciudad. A lo largo de la semana, se organizan encuentros culturales, congresos, conferencias, muestras y conciertos que ofrecen a los participantes la ocasión de profundizar en las temáticas específicas del mundo universitario, con una particular atención al espíritu de servicio hacia los más necesitados.

En el torrente de actividades cotidianas y urgentes que inunda cada semana, se abren en el horizonte espacios para el entretenimiento y la diversión. A veces son visibles desde la distancia (vacaciones, fines de semana…) las podemos organizar con previsión. En otras ocasiones son tan solo pequeños islotes de tiempo, surgidos de repente, en medio del estrés laboral: ahí, entonces, prima la improvisación. Son, en ambos casos, tiempos sin una ocupación necesaria, predeterminada, de obligado cumplimiento. Tiempos abiertos a la decisión, ámbitos en los que la libertad se vuelve tarea.

Las perspectivas de ocio audiovisual han multiplicado en los últimos años el abanico de posibilidades para esos espacios. Una historia puede comenzar en el cine y continuar después en un videojuego. El espectador deja de ser un receptor pasivo y se convierte en protagonista ya que desde ese momento es él quién decide qué es lo que va a suceder en escenarios.  

Ya en la ciberesfera las posibilidades se multiplican; y se produce una nueva revolución, porque el entretenimiento conquista incluso los llamados tiempos muertos, como aquellos que dedicamos al transporte: en el metro o en cualquier autobús público el número de reproductores de mp3, iPod, o similares tiende a acercarse al de pasajeros. Además para quienes han crecido en el mundo del ocio tecnológico, la ciberesfera es también escenario de nuevas posibilidades en las relaciones sociales: entrar en Internet es entrar en redes de amigos, parientes, compañeros de clase u otras personas del mundo real. Su familiaridad con la tecnología les permite comunicarse con igual facilidad enviando un texto, corto o largo, o una foto, o videos realizados por ellos mismos, nuevas versiones de canciones, listas de favoritos, obras multimedia…

Es indudable: ha crecido el espectro de posibilidades con un campo de ofertas que compiten en atractivo e interés. Hay más donde elegir; pero aún queda lo importante: acertar. No creo que la felicidad pueda ser algo que sencillamente “me suceda”, sino algo en lo que yo como ser libre tome parte activamente. Soy yo quien creativamente descubro la norma que he de aplicar, siempre con el riesgo de caer en un carpe diem sin grandeza, en un paréntesis de simple evasión, distracción y fuga de la realidad ordinaria.

El entretenimiento no es una efervescencia de espontaneidad sin consecuencias: el cómo te diviertes dice mucho sobre quién eres y quién llegarás a ser.  En las decisiones la gente se juega la vida, porque el modo de emplear los espacios de diversión no son intrascendentes: condicionan la educación y formación integral, el despliegue armónico y progresivo de las dimensiones de la persona. Logra ser feliz aquel que, en medio de cada uno de los azares de la vida, alcanza a dar lo mejor de sí mismo.

Contemplar el escenario actual del entretenimiento desde una mirada humanística ayuda a tener una visión panorámica, que evita tanto el alarmismo exagerado como la ingenuidad de infravalorar su incidencia: como el navegante que, en pleno océano, cuando se acercan nuevas corrientes, determina la posición del barco y traza la ruta adecuada pensando en el puerto seguro al que desea llegar.

Reflexionar sobre este tipo de cosas y poderlas compartir con tanta gente de los cinco continentes es una buena excusa para participar en este congreso y en muchas otras iniciativas de este tipo.

 

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